La cuenta que casi nadie hace
De cada 100 personas que entran a una tienda online, compran una o dos. Ese es el promedio global, y no es un número que se arregle con más visitas.
Hagamos la cuenta con eso. Si entran 5.000 personas por mes y compran 50, tenés un 1% de conversión. Para duplicar las ventas tenés dos caminos:
Camino A: conseguir 5.000 visitas más. Eso significa duplicar la inversión en publicidad, todos los meses, para siempre.
Camino B: pasar del 1% al 2%. Mismo tráfico, mismo presupuesto, el doble de ventas. Y el arreglo se hace una vez.
Casi todo el mundo elige el camino A porque es el que se puede comprar con tarjeta. El camino B requiere sentarse a mirar dónde se está perdiendo la gente, y por eso se posterga.
Dónde se cae la venta
Alrededor de siete de cada diez carritos armados terminan abandonados. Ojo con ese número: no son curiosos. Son personas que eligieron un producto, lo pusieron en el carrito y a último momento se fueron. Ya estaban decididas. Algo las frenó.
Y las causas se repiten en casi todas las tiendas que audito:
El envío aparece al final. Es la razón número uno de abandono en todos los estudios, y la más fácil de arreglar. El cliente vio $50.000, llegó hasta el último paso y descubrió que son $62.000. No es que no pueda pagarlo: es que se siente engañado. Mostrá el costo antes, o al menos calculalo apenas ingresa el código postal.
Le pedís datos que no necesitás. Cada campo del formulario es una oportunidad de que se arrepienta. ¿De verdad necesitás el DNI para vender una remera? ¿La razón social? ¿El teléfono y el celular? Todo lo que no usás, sacalo.
Lo obligás a crear una cuenta. Nadie quiere una cuenta en tu tienda. Quiere el producto. La compra como invitado tiene que estar y tiene que ser la opción visible.
Faltan medios de pago o están mal explicados. Acá pesa el contexto argentino: si vendés algo de ticket alto sin cuotas, perdés. Y si tenés cuotas pero el cliente no las ve hasta el final, es casi lo mismo que no tenerlas.
No lo probaste en el celular como lo usa la gente. Ahí se pierde la mayoría de las ventas: la conversión en móvil es cerca de la mitad que en computadora. Probá tu propia tienda desde el celular, con datos móviles y no con wifi, y comprá algo de verdad. La mitad de los problemas aparecen recién ahí.
No sabe quién sos. Sin dirección, sin teléfono, sin política de cambios, sin fotos reales. En una tienda chica, la confianza es parte del producto.
Los carritos abandonados no son una estadística
Son una lista de nombres y correos de gente que quiso comprarte y no pudo o no se animó.
En una tienda WooCommerce eso se puede registrar y recuperar: un mensaje a las pocas horas, amable, sin descuento por defecto —muchas veces alcanza con preguntar si tuvo algún problema—. Es la venta más barata que vas a hacer en tu vida, porque el cliente ya lo decidió una vez.
Por qué esto se puede arreglar en WooCommerce
Acá está la ventaja concreta y no tiene que ver con el precio.
En una plataforma cerrada, el checkout es el que es. Podés cambiar colores y poco más. Si el proceso de compra tiene un paso de sobra, esperás a que la plataforma lo cambie. Si nunca lo cambia, convivís con eso.
En WooCommerce el checkout es tuyo. Se le sacan campos, se reordenan pasos, se muestra el costo de envío antes, se agregan botones de cantidad que se puedan tocar con el pulgar. Cada una de esas cosas suena menor y todas juntas son la diferencia entre el 1% y el 2%.
Por dónde empezar
Antes de tocar nada, hacé una compra completa en tu propia tienda. Desde el celular, con datos móviles, pagando de verdad. Anotá cada momento en el que dudaste, te frenaste o tuviste que volver atrás.
Esa lista es tu plan de trabajo, y es más valiosa que cualquier informe.
¿Querés que la haga yo? Mandame el link de tu tienda y te digo en qué punto se está perdiendo la venta. Sin compromiso.